Regalos al pie del árbol

La Navidad se ha convertido en la fiesta de invierno por excelencia, ya seamos creyentes o no. Es la fiesta mágica que hace las delicias de nuestro/as pequeño/as, incluso lo/as adulto/as sacamos al niño/a que llevamos dentro y rara es la casa en la cual no se arma alguno de estos símbolos, distintivos de fechas tan señaladas.

En Granadaways nos encantan las historias antiguas, leyendas, chascarrillos y todo lo que tenga que ver con cultura y tradición, así que hemos investigado un poquito para contarte por qué conmemoramos así navidad.

El árbol de navidad

Arbol de Navidad estilo alemán

Cuenta la leyenda que por el siglo VII, San Bonifacio, evangelizador de Alemania procedente de Inglaterra, tomó un hacha y cortó un roble, tras discutir con unos druidas el valor sagrado del mismo, que representaba a «Yggdrasil » personaje de la mitología nórdica, considerado el árbol de la vida. En su lugar plantó un pino, que por ser también perenne, quiso que simbolizara el amor de Dios.

Una vez plantado lo decoró con manzanas y velas. Las manzanas representaban lo prohibido, las tentaciones, el pecado. Mientras las velas representaban la luz de Jesucristo como la luz del mundo. Con el tiempo todo el mundo del lugar comenzó a venerar al pino, símbolo de Dios.

Al parecer el árbol se puso por primera vez en Alemania en 1605 para ambientar la navidad. Los protestantes, religión mayoritaria en Alemania, adoptaron oficialmente la costumbre a partir del siglo XVIII, aunque no será hasta el siglo XIX cuando se generalice esta costumbre.

Al parecer la primera vez que se montó un árbol de Navidad en España fue en Madrid, de manos de una princesa rusa llamada Sofía Troubetzkoy, casada en segundas nupcias con el marqués de Alcañices, promotor de la restauración borbónica.

El belén de navidad

Parece ser que la primera vez que se montó un belén, lo hizo Francisco de Asis, en la Nochebuena de 1223, en una cueva cercana a la ermita de Greccio (Italia). El montaje consistió tan sólo en un pesebre vacío, acompañado de un buey y una mula, que pretendía simbolizar la humildad del nacimiento de Jesucristo.

Belén familiar

Francisco de Asís celebró la misa sobre el pesebre, que hizo las veces de altar, en condiciones de suma humildad, recreando el hecho celebrado en una modesta cueva desprovista de cualquier comodidad, expuesta al frío, hasta el punto de necesitar al buey y la mula para que su aliento hiciera entrar en calor al recién nacido. Esta representación causó gran emoción entre lo/as presentes.

A partir del siglo XIV los Franciscanos y sus órdenes afines, como los Capuchinos y las Clarisas generalizaron el montaje de belenes en las iglesias por Navidad. Aunque anteriormente ya existían evidencias de dicha representación, descubiertos en las catacumbas y otros lugares relacionados con el cristianismo antiguo.

A mediados del siglo XVIII el rey Carlos VII de Nápoles pasó a ser rey de España, trayendo consigo esta costumbre que se promovió en principio entre la aristocracia, enraizando con el tiempo en el pueblo llano, que generalizándose el montaje de belenes por estas señaladas fechas en todo el país, constituyendo hoy día un distintivo de la Navidad española.

El belén tradición montañera

Esta costumbre también se extendió entre personas aficionadas a la montaña, siendo costumbre que clubes montañeros organicen ascensiones a cumbres escogidas el domingo anterior a la Nochebuena, donde dejan montado su propio belén, en una tradición colorista y entrañable …

Pequeño belén montañero en una oquedad de la roca

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